Caracolas en las Nubes

19 de mayo de 2017

El décimo árbol

Hacia las afueras de la ciudad, atravesando el campo de lavandas y siguiendo el sendero de la corriente del río, se extiende un amplio bosque donde curiosamente crecen un par de higueras. En una de ellas es donde Garrampas vive. Es el décimo árbol a la derecha.

Es un árbol centenario de grueso tronco y muchísimas ramas, fuertes y robustas, frondosas en época estival por lo que disfruta de agradecidas sombras, y que crece al amparo de una enorme roca,   abrazado a otro que le ofrece abrigo en invierno.

En su terraza dispone de una bonita sombra que se anima cuando en junio nacen los primeros frutos. Lucen unas exquisitas brevas que son causa de muchas peleas entre ella y los mosquitos, abejas, avispas y demás seres alados, aparte de otras criaturas invasoras y ladronzuelas que quieren probar tan dulce postre.
Son una auténtica delicia, un gozo para el mejor paladar.
Luego, hay que esperar hasta septiembre cuando llega la remesa de higos. Es más abundante y suele almacenarlos. Unos los pone a secar con harina de bellota para seguir teniendo ese manjar durante el invierno. Otros, en mermelada, y con el resto, hace una fiesta donde todos aportan un poco.

Higuera surrealista extraída de la red

Su casa no es una de las que más altas se halla pero a pesar de ello la vista es impresionante. Puede ver el río al fondo a la izquierda, sobre una nube de copas que, en otoño es un maravilloso manto de ocres, verdes y marrones, que son nido de un variopinto grupo de vecinos.

Sus vecinas de enfrente, una ardilla vieja de muy malas pulgas pero buen corazón, y una ardilla medio gris que hace unos pasteles de manzana increíbles. Por arriba solo tiene un regimiento de familias de gorriones un tanto estrepitosos, una pareja de urracas que siempre están discutiendo; un ruiseñor trasnochador y galán, y una abubilla con un precioso vuelo amariposado que acaba de ser mamá. Por debajo, familias de ratoncillos, más ardillas ralladas, algún caracol y más de una araña…, un pájaro carpintero, que ponía a todos de los nervios hasta que le dieron el alto para que parara con tanto picoteo, pero, eso sí, es un manitas; y unos ratones morunos.  A ras de suelo, viven dos parejas de erizos y en el sótano, un par de hurones y una familia numerosa de conejos grises, cuyos hijos son un poco salvajes.

Amanita muscaria. Seta venenosa.

¡Ah,! Ahí, un poco más allá, al abrigo de una de las raíces superficiales de la higuera, donde dan los primeros rayos de la tarde, hay un grupo de setas de esas de pintas rojas, como de cuento que, curiosamente, siempre tienen el mismo tamaño, el mismo brillo y nunca se mueren... Las lenguas del lugar dicen que viven unos seres mágicos aunque nadie los ha visto pero que en determinadas lunas vez se dejan ver.

Al otro lado, se ve la ciudad. Allí vive Jerby.


A Jerby, el ratón azul, ya lo conoces pero aquí tienes un poquito de la historia entre ellos.