Caracolas en las Nubes

2 de febrero de 2018

Sui géneris

Locución adverbial procedente del latín que significa ‘de su propio género o especie’, y que se usa en español para denotar que aquello a lo que se aplica es de un género o especie muy singular y excepcional —único, sin igual e inclasificable—. Es decir, aquello que se sale de lo ordinario redefiniendo conceptos como raro o peculiar.

El término fue creado por la filosofía escolástica para indicar una idea, una entidad o una realidad que no puede ser incluida en un concepto más amplio, es decir, que se trata de algo único en su tipo.

En la misma línea tenemos rara avis, ‘ave rara’, para denotar que alguien actúa de manera diferente a los otros, que una persona o cosa es distinta al resto de las de su clase.

Obra de Jacek Yerka

9 de enero de 2018

Carola y el Bosque Oscuro

En el antiguo lenguaje de las garzas blancas, su nombre significa  "el secreto de las caracolas rojas". Tal vez por sus ensortijados y rojizos cabellos decidieran llamarla así pero, en realidad, todos la llamaban Carola. 
Su tez blanca tamizada por unas aureolas rosáceas rodeadas de unas graciosas motitas que se extendían por el resto del rostro, sus inmensos ojos celestes... la hacían peculiar, mas sus profundos y largos silencios, su capacidad de observar más allá de lo que los simples mortales pueden hacerlo y tener la sensibilidad suficiente como para conectar con la Naturaleza, la hacían única.

Hablaba el lenguaje de los árboles, de las aves y se entendía con el viento, la lluvia y el sol. Mantenía largas conversaciones con la luna y jugaba al escondite con las nubes, y, cuando se bañaba en las aguas del río, los peces e insectos que en ellas vivían acariciaban su piel como si reclamarán su atención, contentos de saberla ahí. Tenía un aura especial. Y los habitantes del bosque lo sabían por eso la custodiaban como ángeles guardianes.

No era un hada, pues carecía de alas de mariposa a su espalda. No era una dríada pues no tenía orejas puntiagudas y era mucho más alta que ellos. Tampoco una ninfa pues, curiosamente, no sabía nadar por más que habían intentado enseñarle. Se agarraba a los lomos de los peces más grandes y recorría la transparencia de las charcas, lagos y ríos. Ni se trataba de una noma pues las setas se le quedaban a la altura de los tobillos.

Ilustración digital obtenida de la red
Se hacía acompañar por un curioso ser, una especie de pequeña águila de plumaje blanquiazul, como un cielo adornado de cirros de algodón, cuyo canto recordaba al de las sirenas del mar, con sonidos tan agudos en ocasiones que temblaban hasta las hojas de los árboles y sus raíces tiritaban como en el más crudo de los inviernos. Su nombre era impronunciable por los humanos e, incluso, por algunos de los habitantes del Bosque. Así que cada pueblo le daba un nombre distinto. Carola lo llamaba Pi aunque la conexión entre ambas era tal que se comunicaban a través de la mente.



Juntas recorrían el bosque de un lado a otro pero tenían una zona prohibida. Una zona donde reinaba la oscuridad y donde unos seres tenebrosos, llenos de maldad, reinaban a sus anchas aunque bajo el mandado de un Emperador de negro corazón y alma llena de resentimiento.

Fotografía hallada en la red

Por eso, al caer la tarde, cuando el sol se escondía y coincidía el novilunio, los habitantes del Bosque de la Luz, se refugiaban en secretos escondites hasta que amaneciera y se disipara el peligro oscuro. Y siempre, siempre ocurría algo... ahí, en el Bosque Oscuro o, el Bosque de los Árboles sin Hojas como también era conocido desde el otro lado. Aguas estancadas y negras, ciénagas, una perenne niebla que se movía a ras de suelo o se elevaba creando un paraguas frío e inquietante bajo el que se refugiaban entes tan horripilantes que describirlos era imposible. Ni los orcos ni los trolls les podían hacer sombra... pero eso ya es otra historia...

5 de enero de 2018

¡¡Ya llegan los Reyes Magos!!

Hoy es un día de esos que tienen la noche mágica. Una noche donde reina la fantasía, donde grandes y chicos nos ponemos a la misma altura, con la misma ilusión, sin pedir nada... o pidiéndolo todo, y que es bueno que entre tanto, o entre lo justo, haya un poquito de carbón que nos dé un toque de atención y nos ponga los pies en la tierra, que nos diga que no todo es fácil y que no todo se logra, sabiendo que no todo llega... 

Hoy vendrá esa noche donde nuestra ilusión de adulto se refleja en la mirada inocente de un niño, donde, sin darnos cuenta, sonreímos al ver una sincera sonrisa, donde nos emocionamos e intentamos controlar ese huracán de niño que nos nace dentro al ver la naturalidad y alegría de otros. 

Hoy sí es un día con noche de magia, una magia no completa pues siempre hay alguien que su todo es un enorme nada, pero queda vida y queda amor, y queda una caricia en forma de mirada, sonrisa, abrazo o beso... 

Hoy es el día de la emoción, hoy es un día de vísperas, un día de "¡¡¡Ya vienen los Reyes...!!!" Sed buenos. Sed buenas... aunque de nada sirve si solo hoy os portáis bien :-) y sonreíd, y haced, hagamos, que el calor humano, los valores, las buenas intenciones con sus consabidos buenos hechos, sean el mejor regalo que podamos hacer.

Melchor, Gaspar y Baltasar

Ilustración extraída de la red

15 de diciembre de 2017

¡Feliz navidad!

¡Qué cerca está la Navidad!, se dijo ratón, mirando aquellos primeros copos. Pegaba la nariz a la ventana y pasaba sus manitas por el cristal que se empañaba mientras la vista se le cruzaba intentando seguir la caída de uno de aquellos copos.


Dentro de casa estaba calentito. En la chimenea ardían unos tronquitos de forma calmada y acababa de mirar la ropa que tenía colgada ante el fuego. Luego olía a humo por todos lados, a ratón chamuscado, decía.
Por la noche, mecido entre las sombras, se acercó hasta un comercio cercano que guardaba su árbol tras la persiana de seguridad. Nada complicado para un ratón. Con sumo cuidado se apropió de una ramita que puso en su zurrón. Tomó prestados unos cuantos flecos de aquellas cintas de colores y se fijó en otros detalles como las figuritas y las flores de pascua.

Imagen de la red

¿Dónde voy a encontrar yo flores en esta época?¡Y esto tan grande yo no puedo llevarlo! ¿Y de dónde podré coger luces que se enciendan y se apaguen? Se preguntaba observando maravillado el espectáculo del árbol coronado por una enorme estrella.

Qamar lo observaba desde lo alto. Sonreía y leía sus pensamientos. Ratón regresó a casa y acomodó aquella ramita en un rincón de su salón...Salón, cocina y dormitorio porque aquel agujerito lo era todo para él.

Tal vez pudiera hallar algún abalorio de la niña del piso de arriba y colgarlo, se decía, pero ese maldito gato se despierta con una mosca. 

Se daba cuenta de que estaba cogiendo todo prestado y sin pedir permiso. Él no era un ladrón pero de qué otra forma podía hacerlo. Suspiró. Se sentó sobre aquel carrete de hilo de coser. Apoyó sus patitas delanteras sobre las traseras y metió la carita entre sus manitas. Respiró hondo. Qamar se coló entre los resquicios de la ventana y se situó ante él.

- ¿Qué te ocurre, Ratón?
- Nada...
- Mientes muy mal.

Y una caricia blanca iluminó la sonrisa triste de Ratón.

- Quiero poner un árbol de navidad pero es que lo estoy robando todo... Y eso no está bien pero es que no tengo nada con que adornar mi árbol. Mañana es Nochebuena.
- Sé que es importante para ti pero ¿para qué están los amigos? Yo te ayudaré.
- ¿Cómo?
- Los magos no cuentan nunca sus trucos... Son secretos -le sonrió la luna.- Ahora deberías irte a dormir. Yo velaré tu sueño.

Como cada noche, Ratón tomó su vasito de leche y unos trocitos de galletas de miel antes de irse a la cama y recibir el beso de Qamar. De tanto en tanto, abría los ojos. Estaba nervioso pero su luna ahi estaba, sonriéndole. 
Aquella noche no sucedió nada. Ahí seguía su rama de abeto y las virutas de tela cuando amaneció. Helio lucía con poco brío aunque contento. Desde el solsticio de invierno, ocurrido unos días antes, tenía más rato para lucirse. No obstante, hizo que Ratón sonriese y se saludaron.

- ¡¡Abre la ventana, Ratón!!
-  ¡¡Voy arduo y veloz!!

Y Helio le correspondió con una sonrisa, iluminando toda la madriguera y dándole un poquito de calor. Charlaron un rato y luego Ratón se fue a sus quehaceres.

Oscurecía más tarde y por eso debía darse más prisa pues también sus amigos llegarían pronto para preparar la cena de Nochebuena. Compartirían las cosas y pasarían juntos la noche, cantando y bailando... o durmiendo después de haber dado un buen repaso a los dulces.
Estaba preocupado pues no sabía nada de Qamar ni de su truco. Helio no le había mentado nada, y el árbol seguía sin estar puesto aunque no sabía en qué momento habían desaparecido las cosas que él había cogido la otra noche.

Estaba sacando una tela con estampado de navidad para ponerla como mantel. De pronto sintió un curioso sopor que le hizo bostezar hasta casi sentir que se le desencajaba la mandíbula. Una tremenda sensación de mucho... mucho... mucho sueño le invadió.

¡Ay, qué sueño, por favor!, pensó sin dar abasto con los bostezos. Apenas fue consciente de tumbarse en la cama. En ese momento, algo mágico ocurrió. La ventana se abrió. Qamar había extendido su magia, apareciendo como una maestra de orquesta dirigiendo un comité de especiales seres.

Dos duendecillos vestidos de verde y naranja portaban un pequeño abeto hecho de hojas y ramas secas que colocaron en un rincón. Unas haditas traían consigo pequeñas flores que parecían de cristal...o de mismísima escarcha. Unas cuantas arañas se organizaron como un pequeño ejército y empezaron a tejer. Unas mariposas nocturnas llevaban en sus patas una especie de bolitas amarillas y unos escarabajos hacían rodar algunas bellotas

- ¡Faltan las luces! -murmuró una de aquellas haditas.
- Siempre se retrasan -dijo Qamar antes de mirar sobre el horizonte. No tardó en ver a un pequeño batallón de luciérnagas acercarse pizpiretas.
- ¿Llegamos tarde?
- Apuradas... ¡Vamos, no hay tiempo que perder! Van a llegar los amigos de Ratón y he de despertarlo para que le dé tiempo a poner la mesa.

Una a una, de acuerdo a las instrucciones recibidas, se fueron posicionando sobre el árbol, frotando su tripita sobre las bolitas, los hilos de araña y las otras cositas, dándoles la fluorescencia necesaria para brillar. Qamar puso el toque final al dejar un rayo de luna en lo alto a modo de estrella.

- ¡Vamos..., vamos! -apresuró la luna. Antes de cerrar la ventana, volvió a dar un toque de magia, caldeando la estancia. Sonrío y con un suave soplido, como una brisa, rozó el rostro de Ratón que despertó sobresaltado cuando tambén oyó el golpear de uno de sus amigos en la puerta.


Estupefacto, observó el árbol ahí mismo. Era perfecto, maravilloso, espectacular, increíble... ¡¡¡Mágico!! Era el árbol más hermoso que había visto. Estaba loco de contento.
Fue a abrir dando saltos de alegría y eso atolondró a sus amigos que, tan perplejos como él, no comprendían qué estaba sucediendo.




- ¡Pasad... Pasad! ¡Mirad!
- ¡Ohhhhhhhhhh!- exclamaron al unísono.
- ¡Ha sido mi lunita! -reconoció emocionado y respirando tan hondo que hasta los adornos se movieron.
- ¿Esperas a alguien? -le preguntó uno de sus amigos al oír más golpes en la puerta.
- No -respondió perplejo escuchando otros más suaves contra el cristal de la ventana.
- ¿Qué está pasando?

Por un momento no supieron reaccionar. Se asustaron pero en que Qamar volvió a asomarse por la ventana, todo pareció tener un brillo y color especial. Tras la puerta, duendes, hadas, ninfas del bosque... y demás seres mágicos.

Ratón sabía que iba a ser una noche muy especial. Estaban sus amigos, los de siempre y los nuevos, y no le iba a faltar Qamar. Aunque echara de menos a su familia, que, ahí, desde el cielo de los ratones tenían su modo de estar con él,  tenía el valor de la amistad latiendo en su corazón.
No había mejor regalo que ese. Ni mejor celebración navideña.

Ratones de Ellen Van Deelen

- ¡¡¡¡¡Feliz Navidad!!!!!
- ¡Qamaaaarrrrrrrrrr, feliz Navidad!
- ¡Feliz Navidad, Ratón! Me debes un beso -advirtió señalando el muérdago colgado sobre el marco de la ventana.
- ¿Uno? ¡¡¡Todos los que quieras, mi lunita! Y me deberás un baile..
- Todos hasta el amanecer -sonrió sintiendo los bigotes de Ratón rozar su blanca mejilla.- ¡Feliz Navidad, mi Ratoner! -le deseó con cariño.



Desde aquí, con todo mi cariño y mis mejores deseos, 
Feliz Navidad
que la magia reine en vuestro corazón 
y acaricie siempre vuestra alma.