18 de junio de 2017

Cerrado por vacaciones.
Nos vemos en septiembre más o menos...

Gracias y que disfrutéis estos días.
Qamarbesis.

Imagen relacionada

19 de mayo de 2017

El décimo árbol

Hacia las afueras de la ciudad, atravesando el campo de lavandas y siguiendo el sendero de la corriente del río, se extiende un amplio bosque donde curiosamente crecen un par de higueras. En una de ellas es donde Garrampas vive. Es el décimo árbol a la derecha.

Es un árbol centenario de grueso tronco y muchísimas ramas, fuertes y robustas, frondosas en época estival por lo que disfruta de agradecidas sombras, y que crece al amparo de una enorme roca,   abrazado a otro que le ofrece abrigo en invierno.

En su terraza dispone de una bonita sombra que se anima cuando en junio nacen los primeros frutos. Lucen unas exquisitas brevas que son causa de muchas peleas entre ella y los mosquitos, abejas, avispas y demás seres alados, aparte de otras criaturas invasoras y ladronzuelas que quieren probar tan dulce postre.
Son una auténtica delicia, un gozo para el mejor paladar.
Luego, hay que esperar hasta septiembre cuando llega la remesa de higos. Es más abundante y suele almacenarlos. Unos los pone a secar con harina de bellota para seguir teniendo ese manjar durante el invierno. Otros, en mermelada, y con el resto, hace una fiesta donde todos aportan un poco.

Higuera surrealista extraída de la red

Su casa no es una de las que más altas se halla pero a pesar de ello la vista es impresionante. Puede ver el río al fondo a la izquierda, sobre una nube de copas que, en otoño es un maravilloso manto de ocres, verdes y marrones, que son nido de un variopinto grupo de vecinos.

Sus vecinas de enfrente, una ardilla vieja de muy malas pulgas pero buen corazón, y una ardilla medio gris que hace unos pasteles de manzana increíbles. Por arriba solo tiene un regimiento de familias de gorriones un tanto estrepitosos, una pareja de urracas que siempre están discutiendo; un ruiseñor trasnochador y galán, y una abubilla con un precioso vuelo amariposado que acaba de ser mamá. Por debajo, familias de ratoncillos, más ardillas ralladas, algún caracol y más de una araña…, un pájaro carpintero, que ponía a todos de los nervios hasta que le dieron el alto para que parara con tanto picoteo, pero, eso sí, es un manitas; y unos ratones morunos.  A ras de suelo, viven dos parejas de erizos y en el sótano, un par de hurones y una familia numerosa de conejos grises, cuyos hijos son un poco salvajes.

Amanita muscaria. Seta venenosa.

¡Ah,! Ahí, un poco más allá, al abrigo de una de las raíces superficiales de la higuera, donde dan los primeros rayos de la tarde, hay un grupo de setas de esas de pintas rojas, como de cuento que, curiosamente, siempre tienen el mismo tamaño, el mismo brillo y nunca se mueren... Las lenguas del lugar dicen que viven unos seres mágicos aunque nadie los ha visto pero que en determinadas lunas vez se dejan ver.

Al otro lado, se ve la ciudad. Allí vive Jerby.


A Jerby, el ratón azul, ya lo conoces pero aquí tienes un poquito de la historia entre ellos.

23 de abril de 2017

Ratita Garrampas

Imagen de la red

Esta ratita no es una Ratita Presumida pero es muy bonita y muy menuda. Es tan suave como una pelusa. Podría llamarse Ratita Pelusa pero no. 

Es inquieta y cariñosa y mueve el hocico como si tuviera virutitas de polvo lo que hace que parezca que está sonriendo. Le encantan los lazos. Los tiene de todos los colores pero le chiflan el rojo y el azul. Se pasa la mayor parte del tiempo acicalándose después de unas interminables sesiones de gimnasia en la rueda donde no entiende ni de día ni de noche. Le encanta comer dientes de león y hojas de trébol, la crema de verduras y las pipas de calabaza. Le pierden las chuches pero las tiene prohibidas. Se duerme escuchando canciones de Queen y no soporta que le acaricien la tripita. 
Su nombre podría ser Ratita Malas Pulgas pero es tan buena que no muerte mas sí avisa.

Podría llamarse Ratita Garbancita pues no abulta más de una moneda. 
O, también, Ratita Ojitos porque tiene unos preciosos ojos negros. Pero, en realidad, se llama Ratita Garrampas porque, aparte de llevar siempre sus pelos de punta, cuando le das un beso suelta unos pequeños latigazos de corriente. Es la emoción que siente por el amor que profesa. 
Por eso sus besos son eléctricos e inolvidables como los de una princesa encantada. Que se lo digan a Punta en Blanco que la tiene totalmente consentida. Para él es su Reina Blanca.

Imagen propiedad de Other




18 de abril de 2017

Meraki

Os traigo una palabra que encierra en sí misma toda una filosofía, una palabra de esas raras y que en nuestro idioma agrupa a unas cuantas.

Es una palabra griega, de origen moderno, que viene a definir ese pundonor en hacer algo, ponerle alma, corazón..., poner todo el empeño y un poco más, todo nuestro saber, todo nuestro esfuerzo, todo nuestro cariño, sabiendo que todo eso lo hará único, muy nuestro. Y, además, terceros se darán cuenta de ello.
Es poner Pasión con mayúscula en eso que estamos creando.

μεράki

"Bye, bye, Butterfly" de Catrin Welz-Stein